MOVING PICTURES

Moving Pictures es una plataforma creada por la Orquesta 24 Cuadros para difundir y promover cultura y arte.
Con contenidos propios y originales, entablamos diálogos con cineastas, coreógrafos, bailarinas, pintores, músicos y escritores,
los cuales, a través de su trabajo, proponen ideas y contenidos frescos e increíblemente creativos.
Mostrar el trabajo de estos fabulosos artistas y darles difusión, es la meta principal de Moving Pictures.

¡Bienvenidos!

Historia del Título de la Canción
¨Trotsky Usó mi Baño y lo Tapó¨

Fue una tarde larga y tediosa; había estado trabajando hasta el cansancio en unos arreglos de trombón que se pronunciaban tercos y escurridizos.
Fui presa fácil del sueño alrededor de las 11 de la noche. Los primeros momentos de letargo mórfico estuvieron plagados de imágenes de trombones miniaturas que sonaban como silbatos, los cuales tenían pequeños candados de combinación numérica enroscados entre la embocadura principal y la llave de desagüe.
Un poco más tarde soñaba que estaba en una cantina decorada estilo rococó en Versalles, tomando Shirley Temples: me encontraba en algún punto de la Historia y no me quedaba totalmente claro cuál era, pero sentía que algo tenía que ver con Pompeya.
Gracias a esa fascinante cualidad que tienen los sueños de poder acomodar dos elementos irreconciliables en un mismo tiempo y espacio (una suerte de hidrológica sólida) en mi sueño, Versalles era Versalles, pero también era Toluca, y los Shirley Temples eran eso y tepache que sabía también a vodka.

Me despertó un ruido proveniente de la cocina alrededor de las 4 am, el cual me levantó bruscamente de la cama; crucé espantado por el estudio dirigiéndome a la cocina para investigar la fuente del misterioso ruido cuando, alarmado, pensé que sería prudente primero encontrar algún arma, en caso de que tuviera que enfrentar a algún rufián. Mis ojos cruzaron meditativos por el estudio: para mi pesar, lo único que logré encontrar que tuviera algún minúsculo parecido a un objeto punzo cortante fueron unas maracas cubanas, mismas que había adquirido en la Habana un año antes, en las cuales, sobre un fondo amarillo chillón, posaban unas curiosas aves tropicales.
Maracas en mano crucé el estudio tratando de ser sigiloso; al llegar a la cocina di un tremendo brinco en reversa cuando entendí que lo que se posaba frente a mis ojos era el fantasma de Trotsky hurgando dentro de mi refrigerador.
Espantado tomé una de las maracas y se la arrojé con todas mis fuerzas: para mi sorpresa, la maraca cruzó limpia a través de su cuerpo traslucido y ectoplasmozo, aterrizando dentro de una olla de frijoles refritos que mi novia había preparado esa mañana. No perdí la fe, y sin titubear, tomé la segunda maraca y la lancé; esta volvió a atravesarlo como si no hubiera nada ahí. En ese momento Trotsky volteó a verme indignado pidiéndome que dejara de aventarle maracas.
Nos sentamos en la mesa y me explicó que debido a algún error burocrático indescifrable, de esos que tan solo ocurren en México, lo habían transferido de su habitual plaza sin explicación alguna: con nulo previo aviso lo habían mandado de espantar gente en la Casa Museo Trotsky, directo a las oficinas de la SETRAVI (Secretaría de Transportes y Vialidades).
Me dijo que se moría de aburrimiento ahí en la SETRAVI y que la comida era tan mala que no había probado bocado en más de 2 días, por lo cual se había dado una escapada a las calles a buscar suerte y ver qué se encontraba. Tenía yo en la alacena un paquete de tortillas de harina Tía Rosa, así que me ofrecí a prepararle un par de quesadillas.
Saqué la maraca de la olla y puse a calentar los frijoles; encontré una salsa verde particularmente picosa al fondo de una de las repisas del refrigerador, la cual no recordaba hubiese estado ahí antes. Mientras Trotsky se comía sus quesadillas yo me dispuse a lavar la maraca cubana bañada en frijoles refritos, al tiempo que lo escuchaba contar historias sobre los placeres musicales culposos de Lenin, lo difícil que era espantar a los burócratas de la SETRAVI y del penoso estado de la liga de soccer rusa.
Después de charlar un rato y tomar un par de cervezas, el sueño volvió a golpearme como un piolet gigante y regresé a dormir. Antes de meterme a la cama le grité a Trotsky:
¨Trotsky se queda usted en su casa¨.
Al despertar a eso de las 10 am regresé a la cocina, todavía medio dormido. Encontré que en la bolsita de la Tía Rosa quedaba únicamente una sola y triste tortilla… Inmediatamente comencé a hacer complejos cálculos mentales: si yo le había preparado dos quesadillas y el paquete era de una docena y ahora solo quedaba una, entonces la conclusión irrefutable era que Trotsky se había comido otras nueve. Me asomé al refrigerador y encontré que la olla de frijoles estaba vacía; de la salsa verde simplemente no quedaba rastro.
Junto al microondas encontré seis latas más de Tecate apachurradas.
Limpié un poco el desorden y cuando entré al baño para darme un regaderazo noté que el escusado estaba tapado…. hasta el tope… bloqueado de una manera inimaginable y grotesca; la obstrucción era absoluta y todo el espectáculo era verdaderamente atroz …. Me puse a buscar debajo del lavabo la bomba destapa caños y al encontrarla tuve la súbita revelación de que el arreglo de trombones funcionaria finalmente de manera perfecta si se tocaba con bomba; corrí a las partituras y con lápiz escribí sobre las notas del trombón: with plunger.
Satisfecho de mi epifanía me dirigí de regreso al baño bomba en mano, cuando de pronto un pensamiento me dejó absorto y perplejo: ¿cómo era posible que el fantasma de Trotsky, ente traslucido e incorpóreo, hubiese sido capaz de tapar el baño de semejante forma inmunda?… las cuentas no checaban.
Metí la bomba al escusado, la empujé hasta el fondo y comencé a bombear.

Hasta el día de hoy sigo estupefacto y perplejo: me sorprendo a mí mismo meditando sobre el misterio en los momentos más inesperados: subiéndome a un taxi o mientras me preparo una taza de café. Le he dado miles de vueltas al asunto en mi cabeza y he logrado construir algunas teorías semisólidas, pero ninguna definitiva y satisfactoria.

Lo que es cierto es que el fantasma de Trotsky usó mi baño y lo tapó.

JOB

Dios quiere que sea bueno

Dios quiere que sea malo

Dios quiere que enloquezca

Todas las noches

Dios quiere que me rompa en tus brazos

Dios quiere que esté triste

Todas las noches

Arriba por el rio viene Job

Luce borracho y agita una pistola

Triste y enfermo como la chingada

Va a disparar a la lengua de Lucifer

Dios quiere que se rompa en sus brazos

Dios quiere que él esté triste

Todas las noches

Ding dong ella está en la puerta

Una paleta de caramelo, drogas y un juguete

Dios quiere que juegue limpio

Dios quiere que piense las cosas dos veces

Dios quiere que construya una iglesia

En tus muslos

Dios quiere que me rompa en tus brazos

Dios quiere que esté triste

Todas las noches

Dios quiere que adivine cómo